La vista del Pájaro

Abunda, por no decir sobra, literatura sobre la cuarta dimensión. Marcel Schwob relata la obsesión de quien antes que otros soñó con representar el cambio en el tiempo, quien «creyó que podría mudar todas las líneas en un solo aspecto ideal», «concebir el universo creado igual que se reflejaba en el ojo de Dios, que ve surgir todas las figuras de un centro complejo». Porque el Pájaro «no permanecía en un solo lugar: quería planear, en su vuelo, sobre todos los lugares». Dice Schwob que «tenía la costumbre de dibujar mazocchi, […] unos puntiagudos, otros cuadrados, otros con facetas, […] según todas las apariencias de la perspectiva, hasta el punto de encontrar un mundo de combinaciones en los pliegues del mazocchio». Un mundo que se repite en los paneles y pergaminos mediceos o en los muros del «Chiostro Verde» de Santa Maria Novella. Otros le seguirán después, pero ni siquiera el gran Piero [1] alcanzará la sofisticación de Paolo di Dono.

Paolo_uccello,_studio_di_mazzocchio_in_prospettiva

Estudio de mazzocchio en perspectiva (Gabinetto dei Disegni, Galleria degli Uffizi)

Il Diluvio Universale

Fresco de Il Diluvio Universale en el convento de Santa Maria Novella

El diluvio de Ucello-detalle

Detalle del fresco Il Diluvio Universale

mazzocchio

Imaginemos al Pájaro planear sobre nuestro mazzocchio toro sólido solemos llamarlo los matemáticos, redondeado para los geómetras, con facetas para los topólogos– virtual: nadie comprendería su cuadro, en el que sólo se vería «una confusión de curvas», aunque sólo captase una reducida muestra de las infinitas perspectivas.

mazzocchiotexto

Dicen que vamos a hombros de gigantes, pero en realidad vemos con ojos antiguos. Gracias a los ordenadores, hoy podemos materializar fácilmente esas imágenes antiguas, pero es prodigioso que tengamos las visiones de Paolo Ucello, Piero della Francesca, Albrecht Dürer o Johannes Kepler al alcance de un simple clic. Dejemos al Pájaro como lo vio Schwob, guardando por siempre en «su mano convulsivamente cerrada […] un pequeño redondel de pergamino cubierto de líneas entrelazadas» que van «del centro a la circunferencia» y  vuelven «de la circunferencia al centro». [2]

[1] Piero della Francesca (1415-1492) incluye un estudio de mazzocchio en perspectiva en su tratado De prospectiva pingendi disponible en la Biblioteca Digitale Reggiana.

mazzocchioPiero

El mismo estudio es retomado por Daniele Barbaro (1514-1570) en el libro La pratica della perspettiva (in Venetia, appresso Camillo & Rutilio Borgominieri fratelli, al Segno di S. Giorgio, 1569) disponible en Mathematica Italiana.

Mazzocchio-Barbaro

[2] Los textos originales de Marcel Schwob provienen de la versión digital de la primera edición de Vies Imaginaires, Paris, Bibliothèque Charpentier, G. Charpentier et E. Fasquelle, Éditeurs, 11 Rue dela Grenelle, 1896. Sigo aquí la excelente traducción de Mauro Armiño de la edición de Valdemar con algunos pequeños cambios.

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Et il avait coutume de dessiner des mazocchi [sic], qui sont des cercles de bois recouvert de drap que l’on place sur la tête, de façon que les plis de l’étoffe rejetée entourent tout le visage. Uccello en figura de pointus, d’autres carrés, d’autres à facettes, disposés en pyramides et en cônes, suivant toutes les apparences de la perspective, si bien qu’il trouvait un monde de combinaisons dans les replis du mazocchio [sic]. Et le sculpteur Donatello lui disait : « Ah ! Paolo, tu laisses la substance pour l’ombre ! »

[…]

Il crut qu’il pourrait muer toutesm les lignes en un seul aspect idéal. Il voulut concevoir l’univers créé ainsi qu’il se reflétait dans l’oeil de Dieu, qui voit jaillir toutes les figures hors d’un centre complexe.

[…]

Car l’Oiseau ne connaissait pas la joie de se limiter à l’individu ; il ne demeurait point en un seul endroit : il voulait planer, dans son vol, au-dessus de tous les endroits. Et les formes des attitudes de Selvaggia furent jetées au creuset des formes, avec tous les mouvements des bêtes, et les lignes des plantes et des pierres, et les rais de la lumière, et les ondulations des vapeurs terrestres et des vagues de la mer.

[…]

L’Oiseau devint vieux, et personne ne comprenait plus ses tableaux. On n’y voyait qu’une confusion de courbes. On ne reconnaissait plus ni la terre, ni les plantes, ni les animaux, ni les hommes. Depuis de longues années, il travaillait à son oeuvre suprême, qu’il cachait à tous les yeux.

[…]

Et quelques années plus tard, on trouva Paolo Uccello mort d’épuisement sur son grabat. Son visage était rayonnant de rides. Ses yeux étaient fixés sur le mystère révèle. Il tenait dans sa main strictement refermée un petit rond de parchemin couvert d’entrelacementsqui allaient du centre à la circonférence et qui retournaient de la circonférence au centre.

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Y tenía la costumbre de dibujar mazocchi [sic], que son círculos de madera recubiertos de paño que se ponen en la cabeza, de manera que los pliegues del tejido sobrante rodeen toda la cara. Uccello imaginó unos puntiagudos, otros cuadrados, otros con facetas, dispuestos en pirámides y conos, según todas las apariencias de la perspectiva, hasta el punto de encontrar  un mundo de combinaciones en los pliegues del mazocchio [sic]. Y el  escultor Donatello le decía: «¡Ay,  Paolo, descuidas la sustancia por la sombra!»

[…]

Creyó que podría mudar todas las líneas en un solo aspecto ideal. Quiso concebir el universo creado igual que se reflejaba en el ojo de Dios, que ve surgir todas las figuras de un centro complejo.

[…]

 Porque el Pájaro no conocía la alegría de limitarse al individuo; no permanecía en un solo lugar: quería planear, en su vuelo, sobre todos los lugares. Y las formas de las actitudes de Selvaggia fueron arrojadas en el crisol de las formas, junto a todos los movimientos de animales, y las líneas de los planetas y las piedras, y los rayos de luz, y las ondulaciones de los vapores terrestres y las olas del mar.

[…]

 El Pájaro se hizo viejo, y nadie comprendía ya sus cuadros. En ellos sólo se veía una confusión de curvas. No se reconocía ya ni la tierra, ni las plantas, ni los animales, ni los hombres. Trabaja desde hacía largos años en su obra suprema, que ocultaba a la vista de todos.

[…]

Y unos años más tarde, encontraron a Paolo Uccello muerto de agotamiento en su camastro. Su cara relumbraba de arrugas. Sus ojos estaban clavados en el misterio revelado. En su mano convulsivamente cerrada tenía un pequeño redondel de pergamino cubierto de líneas entrelazadas que iban del centro a la circunferencia y volvían de la circunferencia al centro.

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La vista del Pájaro by Fernando Alcalde is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

 

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