Manifiesto de los 93

Hace hoy un siglo, el 4 de octubre de 1914, un grupo de 93 intelectuales alemanes hacía público un manifiesto, conocido como Manifiesto de los 93, negando las atrocidades cometidas por el ejército alemán durante la invasión de Bélgica en el verano de 1914.

Muchos de sus firmantes han sido relegados al olvido. Es el caso de Philipp Lenard y Wilhelm Wien, Premios Nobel de Física en 1905 y 1911, heraldos de la supremacía alemana en la guerra de ideas paralela a la guerra real. Pero la presencia de figuras como Felix Klein o Max Planck muestra la hondura del mal, un mal que se revelará sin tapujos años más tarde en movimientos como Deutsche Mathematik y Deutsche Physik y que costará millones de vidas en Europa.


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Al mundo civilizado.

Como representantes de la ciencia y del arte alemán, los abajo firmantes protestamos solemnemente ante el mundo civilizado por las mentiras y calumnias con que nuestros enemigos intentan ensuciar la justa y noble causa de Alemania en la dura lucha que nos han impuesto y que amenaza nada menos que nuestra existencia. La marcha de los acontecimientos se ha encargado de refutar la mentirosa propaganda que no anunciaba sino derrotas alemanas, aunque ahora se emplean con mucho más ardor para falsear la verdad y hacernos odiosos. Contra esto protestamos levantando nuestra voz, que es la voz de la verdad.

No es verdad que Alemania haya provocado esta guerra. Ni el Pueblo, ni el Gobierno, ni el Emperador alemán la han querido. Hasta el último momento, hasta lo imposible, Alemania ha luchado por mantener la paz. El mundo entero puede juzgar las pruebas que proporcionan los documentos auténticos. En innumerables ocasiones a lo largo de los veintiséis años de su reinado, Guillermo II ha defendido la paz, hecho que incluso nuestros enemigos han reconocido. Olvidan que este Emperador, al que se atreven a comparar con Atila, ha sido objeto de sus burlas a causa de ese amor inquebrantable por la paz. Hasta que no ha sido amenazado y después atacado a traición por tres grandes potencias, nuestro pueblo no se ha levantado como un solo hombre.

No es verdad que hayamos vulnerado de manera criminal la neutralidad de Bélgica. Tenemos la prueba irrefutable de que Francia e Inglaterra habían decidido vulnerar esa neutralidad con la connivencia de Bélgica. Hubiera sido un suicidio por parte de nuestra patria no adelantarse a eso

No es verdad que nuestros soldados hayan atentado contra la vida y los bienes de un solo ciudadano belga sin haberse visto forzados a ello en legitima defensa, porque una y otra vez, a pesar de las advertencias, la población ha disparado a traición sobre nuestras tropas, ha mutilado a heridos y asesinado a médicos que ejercían su humanitaria profesión. No hay infamia mayor que ocultar las atrocidades de estos asesinos y acusar de un crimen a los alemanes por los castigos que se han visto obligados a infligir a estos bandidos.

No es verdad que nuestras tropas hayan destruido Lovaina brutalmente. Asaltadas sus posiciones por una población furiosa, a su pesar, nuestras tropas han tenido que tomar represalias y bombardear una parte de la ciudad. La mayor parte de Lovaina se mantiene intacta. El famoso Ayuntamiento ha quedado intacto porque, a riesgo de su vida, nuestros soldados lo han protegido de las llamas. Por supuesto, todos los alemanes lamentarían la destrucción presente o futura de obras de arte en el curso de esta terrible guerra. Pero, pese a nuestro gran amor por el arte, que no puede ser superado por ninguna otra nación, debemos rechazar decididamente que el coste de salvar una obra de arte suponga una derrota de nuestros ejércitos.

No es verdad que hagamos la guerra sin respetar las leyes internacionales. Nuestros soldados no cometen ni actos de indisciplina, ni crueldades. Sin embargo, al Este de nuestra patria, la tierra se empapa con la sangre de las mujeres y los niños masacrados sin piedad por las salvajes tropas rusas, y en el Oeste, las balas explosivas de nuestros adversarios destrozan los pechos de nuestros soldados. Quienes se han aliado con rusos y serbios y no temen alentar a mongoles y negros contra la raza blanca, ofreciendo así al mundo civilizado el espectáculo más vergonzoso que se pueda imaginar, no tienen ningún derecho a llamarse a sí mismos defensores de la civilización europea.

No es verdad que la lucha contra el llamado militarismo alemán no sea también una lucha contra nuestra cultura, como pretenden nuestros hipócritas enemigos. Si no fuese por nuestro militarismo, nuestra civilización habría sido aniquilada hace tiempo. Ha sido para protegerla por lo que ha surgido este militarismo en nuestro país, expuesto como ningún otro a continuas invasiones a lo largo de los siglos. El Ejército alemán y el Pueblo alemán no son sino uno y este sentimiento une fraternalmente a 70 millones de alemanes sin distinción de cultura, clase o partido.

La mentira es el arma envenenada que no podemos arrancar de las manos de nuestros enemigos. Lo único que podemos hacer es declarar, levantando la voz ante el mundo entero, que nuestros enemigos dan falso testimonio contra nosotros. A quienes nos conocen y han sido, como nosotros, guardianes de los bienes más preciados de la humanidad, les decimos:

¡Créannos! Sepan que llegaremos hasta el final de esta lucha como nación civilizada, como pueblo para el que el legado de Goethe, Beethoven y Kant es tan sagrado como su tierra y su hogar.

Respondemos de ello con nuestro nombre y nuestro honor:

  1. Adolf von Baeyer, Premio Nobel de Química 1905.
  2. Peter Behrens, arquitecto y diseñador.
  3. Emil von Behring, Premio Nobel de Medicina 1901.
  4. Wilhelm von Bode, historiador del arte.
  5. Aloïs Brandl, filologo austríaco.
  6. Lujo Brentano, economista y reformador social.
  7. Justus Brinckmann, director de museo
  8. Johannes Conrad, economista
  9. Franz von Defregger, pintor austríaco.
  10. Richard Dehmel, escritor y poeta.
  11. Adolf Deissmann, teólogo protestante.
  12. Wilhelm Dörpfeld, arqueólogo.
  13. Friedrich von Duhn, profesor de arqueología clásica
  14. Paul Ehrlich, Premio Nobel de Medicina 1908.
  15. Albert Ehrhard, teólogo católico y erudito alsaciano.
  16. Karl Engler, profesor de química.
  17. Gerhart Esser, teólogo católico.
  18. Rudolf Eucken, filósofo y Premio Nobel de Literatura 1908.
  19. Herbert Eulenberg, escritor.
  20. Heinrich Finke, historiador.
  21. Emil Fischer, Premio Nobel de Química 1902.
  22. Wilhelm Foerster, astrónomo.
  23. Ludwig Fulda, dramaturgo y traductor.
  24. Eduard von Gebhardt, pintor y profesor de pintura.
  25. Jan Jakob de Groot, profesor de etnografía.
  26. Fritz Haber, Premio Nobel de Química 1918.
  27. Ernst Haeckel, biólogo, filósofo y pensador.
  28. Max Halbe.
  29. Adolf von Harnack, teólogo protestante y director de la Biblioteca Imperial.
  30. Gerhart Hauptmann, dramaturgo y Premio Nobel de Literatura 1912.
  31. Karl Hauptmann, dramaturgo.
  32. Gustav Hellmann, profesor de meteorología.
  33. Wilhelm Herrmann, teólogo protestante.
  34. Andreas Heusler, profesor de filología nórdica.
  35. Adolf von Hildebrand, escultor.
  36. Ludwig Hoffmann, urbanista.
  37. Engelbert Humperdinck, compositor.
  38. Leopold Graf Kalckreuth, presidente de la Liga de Artistas Alemanes.
  39. Arthur Kampf.
  40. Friedrich August von Kaulbach, pintor.
  41. Theodor Kipp, profesor de jurisprudencia.
  42. Felix Klein, matemático.
  43. Max Klinger, artista.
  44. Aloïs Knoepfler, profesor de historia del cristianismo.
  45. Anton Koch, teólogo católico.
  46. Paul Laband, profesor de jurisprudencia.
  47. Karl Lamprecht, historiador.
  48. Philipp Lenard, Premio Nobel de Física 1905.
  49. Maximilian Lenz, profesor de historia.
  50. Max Liebermann, pintor.
  51. Franz von Liszt, profesor de jurisprudencia.
  52. Ludwig Manzel, escultor.
  53. Joseph Mausbach, teólogo católico.
  54. Georg von Mayr, profesor de ciencias políticas.
  55. Sebastian Merkle, teólogo católico.
  56. Eduard Meyer, historiador y arqueólogo.
  57. Heinrich Morf, profesor de filología románica.
  58. Friedrich Naumann, pastor protestante y político.
  59. Albert Neisser, profesor de medicina.
  60. Walter Nernst, físico y químico, Premio Nobel de Química 1920.
  61. Wilhelm Ostwald, Premio Nobel de Química 1909.
  62. Bruno Paul, arquitecto y dibujante.
  63. Max Planck, Premio Nobel de Física 1918.
  64. Albert Plehn, profesor de medicina.
  65. Georg Reicke.
  66. Max Reinhardt, director de escena austríaco.
  67. Alois Riehl, profesor de filosofía.
  68. Karl Robert, profesor de arqueología.
  69. Wilhelm Röntgen, Premio Nobel de Física 1901.
  70. Max Rubner, profesor de medicina.
  71. Fritz Schaper, escultor.
  72. Adolf von Schlatter, teólogo protestante.
  73. August Schmidlin, profesor de historia del cristianismo.
  74. Gustav von Schmoller, economista.
  75. Reinhold Seeberg, teólogo protestante.
  76. Martin Spahn, historiador y político.
  77. Franz von Stuck, artista.
  78. Hermann Sudermann, escritor y dramaturgo.
  79. Hans Thoma, pintor.
  80. Wilhelm Trübner, pintor.
  81. Karl Vollmöller.
  82. Richard Voss, escritor.
  83. Karl Vossler, profesor de filología románica.
  84. Siegfried Wagner, compositor y director de orquesta.
  85. Wilhelm Waldeyer, profesor de anatomía.
  86. August von Wassermann, profesor de medicina.
  87. Felix von Weingartner, compositor y director de orquesta austríaco.
  88. Theodor Wiegand, arqueólogo.
  89. Wilhelm Wien, Premio Nobel de Física 1911.
  90. Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff, filólogo alemán.
  91. Richard Willstätter, Premio Nobel de Química 1915.
  92. Wilhelm Windelband, filósofo e historiador.
  93. Wilhelm Wundt, psicólogo y filósofo.
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Pero hubo quienes entre ambas guerras mundiales conservaron su honor al precio del ostracismo como David Hilbert o Ernst Zermelo, el exilio como Max Born, Max Dehn, Albert Einstein, Lise Meitner, Erwin Schrödinger o Hermann Weyl, o la muerte como Felix Hausdorff, Georg Pick, Moritz Schlick o Alfred Tauber.

A futura memoria

Matemáticos y físicos exiliados de Alemania a partir del 1933

Emil Artin
Rafael Artzy
Reinhold Baer
Valentine Bargmann
Guido Beck
Felix Behrend
Paul Bernays
Felix Bernstein
Lipman Bers
Hans Bethe
Salomon Bochner
Max Born
Alfred Brauer
Richard Brauer
Robert Breusch
Herbert Busemann
Arthur Cohn
Stefan Cohn-Vossen
Richard Courant
Max Dehn
Max Delbrück
Albert Einstein
Felix Ehrenhaft
Paul Ërdos
Paul Peter Ewald
William Feller
Werner Fenchel
Adolf Fraenkel
James Franck
Kurt Friedrichs
Otto Frisch
Herbert Fröhlich
Robert Frucht
Dennis Gabor
Gilda Geiringer
Kurt Gödel
Michael Golomb
Emil Julius Gumbel
Hans Hamburger
Herman Otto Hartley
Wilhelm Hauser
Hans Heilbronn
Walter Heitler
Isidor Heller
Ernst Hellinger
Eduard Helly
Grete Hermann
Gustav Hertz
Gerhard Herzberg
Fritz Herzog
 Heinz Hopf
Ludwig Hopf
Kurt Hirsch
Ernst Jacobsthal
Fritz John
Ilse Karger-Brauer
Bernard Katz
Nicholas Kemmer
Herman Kober
Arthur Korn
Nicholas Kurti
Rudolf Ladenburg
Edmund Landau
Emanuel Lasker
Walter Ledermann
Friedrich Levi
Victor Lewin
Hans Lewy
Leon Lichtenstein
Fritz London
Karl Löwner
Rudolf Lüneburg
Eugene Lukacs
Kurt Mahler
Walter Mayer
Lise Meitner
Kurt Mendelssohn
Karl Menger
Richard von Mises
Paul Nemenyi
Otto Neugebauer
Albert Neuhaus
Bernhard Neumann
John von Neumann
Emmy Noether
Fritz Noether
Rudolf Peierls
Rose Peltesohn
Felix Pollaczek
George Pólya
Alfred Pringsheim
Hans Rademacher
Richard Rado
Hans Reichenbach
Helene Reschovsky
Werner Rogosinski
Werner Romberg
Arthur Rosenthal
Fritz Rothberger
Erich Hans Rothe
Hildegard Rothe-Ille
Hans Samelson
Peter Scherk
Max Schiffer
Otto Schilling
Erwin Schrödinger
Issai Schur
Carl Ludwig Siegel
Käte Sperling-Fenchel
Otto Stern
Wolfgang Sternberg
Otto Szász
Gábor Szegő
Leó Szilárd
Olga Taussky-Todd
Edward Teller
Feodor Theilheimer
Bernhard Teitler
Peter Thullen
Otto Toeplitz
István Vajda
Abraham Wald
Stefan E. Warschawski
Alexander Weinstein
Victor Weisskopf
Hermann Weyl
Eugene Wigner
Grete Winter-Leibowitz
Max Zorn

Matemáticos asesinados o forzados al suicidio 

Ludwig Berwald, muerto en el gueto de Łódź en 1942.
Otto Blumentahl, muerto en el gueto de Theresienstadt en 1944.
Ludwig Eckhart, suicidio en Viena en 1938.
Paul Epstein, suicidio en Dornbusch en 1939.
Walter Fröhlich, muerto en el gueto de Łódź en 1942.
Kurt Grelling, deportado al campo de exterminio de Auschwitz en 1942.
Friedrich Hartogs, suicidio en Munich en 1943.
Felix Hausdorff, suicidio en Bonn en 1942.
Margarete Kahn, deportada al gueto de Piaski en 1942.
Nelly Neumann, deportada en 1941 y asesinada en Minsk en 1942.
Georg Alexander Pick, muerto en el gueto de Theresienstadt en 1942.
Robert Remak, deportado al campo de exterminio de Auschwitz en 1942.
Moritz Schlick, asesinado en 1936 en Viena.
Reinhold Strassmann, deportado a Theresienstadt en 1943 y asesinado en Auschwitz en 1944.
Alfred Tauber, deportado al gueto de Theresienstadt en 1942.

N.B.: La traducción del manifiesto se corresponde con la versión francesa publicada en Wikipedia, similar salvo pequeños detalles a la versión incluida en el trabajo de Marie-Éve Chagnon, Le Manifeste des 93 : La nature de la mobilisation intellectuelle allemande au déclenchement de la grande guerre (1914-1915), en la Universidad de Québec en Montreal. Las listas de víctimas del nazismo se limitan a nombres documentados a través de la red, pero todos aquellos que no se mencionan merecen igualmente el tributo de nuestra memoria.

 


 

 

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